La iluminación perimetral de la Sense 360 nace alrededor de la zona de cocción, pero su función va mucho más allá de iluminar una encimera.
Cuando pensamos en la iluminación de una cocina, solemos pensar en la luz general, la iluminación de trabajo y las luminarias decorativas.
Sin embargo, hay una cuarta luz que pocas veces se tiene en cuenta durante el proyecto y que, con el tiempo, acaba siendo una de las más utilizadas: la de la propia campana.
A menudo olvidamos que la cocina ya no es solo un lugar para cocinar. También es un espacio donde empieza el día, donde recibimos a amigos o donde la conversación continúa mucho después de la cena. En esos momentos, no hace falta iluminar toda la estancia: hace falta una luz que acompañe el espacio.
Una luz pensada para quedarse
La iluminación perimetral de la Sense 360 nace alrededor de la zona de cocción, pero su función va mucho más allá de iluminar una encimera.
Al estar completamente integrada en el techo, proyecta una luz uniforme que acompaña el espacio sin convertirse en el centro de atención. No compite con una lámpara decorativa ni sustituye la iluminación general. Simplemente crea una escena diferente que invita a seguir disfrutando de la cocina incluso cuando ya no se está cocinando.
Es, probablemente, una de esas luces que permanecen encendidas cuando las demás ya se han apagado.
Una cocina, distintas escenas de luz
Cada momento en la cocina tiene necesidades diferentes. La luz que utilizamos para cocinar no es la misma que buscamos durante un desayuno temprano, mientras compartimos la sobremesa o saboreamos una copa de vino.
La regulación de la intensidad y de la temperatura de color permite que la iluminación de la campana se adapte a cada momento del día y dialogue con el resto del proyecto de iluminación. Y gracias a la integración con Alexa, también es posible encenderla, apagarla o ajustar tanto su intensidad como su temperatura de color mediante la voz.
En una cocina abierta al salón, donde varias actividades conviven en un mismo espacio, esa continuidad permite que todas las escenas de luz hablen el mismo lenguaje.
Y cuando llega el momento de cocinar, esa misma iluminación perimetral ofrece una luz uniforme sobre la superficie de trabajo, reduciendo sombras y mejorando la comodidad durante la preparación de los alimentos.
Diseñar también lo que no se ve
Hay elementos que influyen profundamente en la experiencia de una cocina sin reclamar protagonismo.
La luz y el aire son dos de ellos.
Mientras la iluminación acompaña lo que sucede alrededor de la isla, la Sense 360 sigue haciendo aquello para lo que fue concebida: mantener el aire limpio y favorecer un ambiente confortable de forma discreta. Son dos funciones que pasan casi desapercibidas, pero cuya ausencia se nota enseguida.
Porque una buena cocina no solo se diseña con materiales. También se diseña pensando en cómo queremos vivirla. Y la luz y el aire forman parte de esa experiencia, aunque casi nunca sean los protagonistas.



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